CHINA, UNA MIRADA

Por Maria Lucía Verdi

Julie Weisz explica en el título de esta exposición la postura discreta, cuidadosa con la cual se acercó a una china milenaria y también bastante impenetrable: ella se acerca y nos transmite sobre todo, una mirada sobre un tema específico -  el hijo único, política adoptada hace casi treinta años por China, con miras a la contención demográfica.  

 

Las fotografías de Julie Weisz son imágenes de un país que se transforma e impacta al mundo con la velocidad de su transformación, una China-laboratorio, difícilmente explicable por más que estudiosos de todas las nacionalidades intenten hacerlo. Mao Ze Dong entre las esculturas de maderas de budas y bodisatvas, objeto entre otros objetos desacralizados o también estas mismas esculturas con el telón de fondo de los rascacielos de la China del socialismo de mercado. Divinidades budistas, taoístas, atadas con cuerdas – que nos hacen pensar en amordazamientos, pero solo son esculturas atadas al vehículo que las transporta de un mercado a otro, en busca de incansables compradores. Esculturas de cerámica del período negro de la Revolución Cultural,  culto de los más deseados por los coleccionistas occidentales - ¿irónicos, ingenuos, insensibles o nihilistas? - en sus búsquedas frenéticas entre la interminable memorabilia china. Las imágenes de las familias, de las generaciones, las abuelas con sus nietos o nietas, cuidándolos como si fueran piedras preciosas, alzándolos con un amor que recuerda al Jesús Niño cargando en sus manos el mundo, como en el poema de Fernando Pessoa. Madres de todas las clases sociales exhibiendo con orgullo al lente extranjero sus flores únicas. Las parejas de la creciente clase media china, conscientes de la importancia de educar de la mejor forma a sus pequeños Emperadores, sus pequeñas Emperatrices. Abuelas y madres de algunas de las 55 minorías étnicas de la China, mujeres que pueden tener más de un hijo, privilegio a ellas concedido juiciosamente.

Son fotografías simples, despojadas, que registran el encuentro entre la mirada de una artista que es mujer, argentina, madre y que se encaminó hacia la experiencia china a partir de su apertura hacia el otro. Apertura que es producto de su vivencia amorosa, de su conocimiento profundo de la alegría y del dolor. Julie Weisz fotografió la China con conciencia, observaba y registraba para los demás su sorpresa, su extrañeza, su encanto, ante la “diferencia” china: registrada desde el territorio de su propio cuerpo, de su historia personal, de su momento como mujer en un mundo que nos supera. Un mundo que, sea donde fuere,  plantea  una obsesiva e interminable pregunta.

                                                                                          Mayo de 2006